martes, 1 de noviembre de 2011

El Quiebre del Orgullo Nacional

¿Cuánto tiempo podemos guardar la basura de nuestra pieza bajo la alfombra? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿20 años? Sabemos que algún día va a colapsar toda esa podredumbre bajo nuestros pies, pero como no se ve, todo está bien, aparentar es siempre más acogedor que aceptar la realidad. Nuestro país no es tan distinto, durante 20 años nos sentimos orgullosos de ser “jaguares”, de ser los “ingleses de Sudamérica”, nuestra economía iba al alza, y esos bellos números de crecimiento en la bolsa, junto a las solemnes visitas de las más altas personalidades a nivel mundial, que llegaban alagándonos y sorprendiéndose de la rápida recuperación nacional, hacían que cada vez se nos inflara más el pecho…llegamos a tanto, que comenzamos a denostar a peruanos y bolivianos, cuando hace unas décadas le temíamos al ejército de Fujimori, llegó a tanto nuestra petulancia, que hasta a los argentinos abucheamos, esos mismos a quienes todos los veranos envidiábamos por ser rubios, y nosotros con pinta de indio negro, con el pelo quemado y la guata al aire; ahora no, el “chileno” era ese empresario de terno, de preferencia a rayas, sin ni una pelusa, con gafas al aire o semi al aire, con el último celular y con el auto del último año, que jodía a su esposa con su secretaria, pero que estaba bien, porque admiramos a los poderosos, y no hay hombre más poderoso en la tierra que el que tiene el poder de tener sexo con quien se le da la gana…sociedad decadente, claro, pero con cada vez más cosas, mejores zapatillas, mejores computadores, nuevas tecnologías, sin embargo esa basura bajo la alfombra no iba a durar para siempre¿ y qué pasó? La naturaleza se encargó de abofetearnos la mejilla derecha y quedamos perplejos, después de que medio país se nos quedó en el suelo tras el terremoto, pero lo peor estaba por venir, y esa sociedad que callamos por 20 años, porque su grito no convenía a la imagen país, nos terminó por abofetear la otra mejilla, la izquierda, y para ese entonces…nosotros perdimos todo norte, y ya no sabemos si quiera quiénes somos.

¿Reconocemos a ese Chile, convertida de pronto en una pequeña Norteamérica, cuando el 4 de agosto de este año vimos las calles sitiadas de carabineros, encapuchados, otros no tan encapuchados, mujeres con cacerolas, una encuesta que le daba 27% de aprobación al presidente, y todos nosotros en nuestras casas con la angustia de que estábamos repitiendo la violencia del 73’? ¡Cuántos ridículos escribían en twitter! ¡los milicos a la calle! Y otros tantos decían que esta era el fin de un gobierno fascista…el país de porcelana de pronto pareció deshacerse en nuestra manos, y de repente todos olíamos a lacrimógena y sangre, sangre de carabineros pateados en la cabeza, sangre de encapuchados que eran golpeados sin razón una vez que eran detenidos en la micros de los pacos, sangre de Manuel Gutiérrez, sangre que Hinzpeter jamás podrá limpiarse de la manos...¿quién es el culpable de haber reventado la nube “del sueño americano (perdón, chileno)”? Pero esa pregunta es justamente el primer error del análisis, partir por preguntar de quién es la culpa, suele siempre ir de la mano con decir que uno mismo jamás la tuvo…a todo esto ¿alguien recuerda el accidente de los mineros? Toda la fiesta, el papelito de estamos bien los no sé cuántos –que de hecho ahora se dice que es falso-, el regalito de un “pedazo de roca” a la reina en Inglaterra, ¡NOS RECOCIJABAMOS CON TAL EVENTO! Y decíamos de nuevo orgullosos, como olvidando a todos los golpeados por el terremoto, “así somos los chilenos, fuertes”, “ese es aguante nacional”, “ni a 700 metros de profundidad nos pueden dar muerte”, pero alguien pensó si quiera ¿Que eso era la nefasta consecuencia de un empresariado inescrupuloso e irresponsable? Codicioso desde la punta de la uña de su pie, hasta su último cabello.

Culpables somos todos, todos de jamás haber denunciado la injusticia, de preferir recibir un Iphone a gritar que había gente en este país mendigando en las calles un poco de pan, que era más fácil ganar harta plata sin educación y en la más decadente ignorancia, que pedir cultura y altura de miras para los desafíos reales…y ahí estaban nuestros políticos, bailando al son de ese nuevo éxito llamado neoliberalismo, y ahí estaban los curas, algunos violando cabro chicos, y ahí estábamos nosotros, en nuestra más vergonzosa escena, twitteando que nos compramos el último celular disponible, que tenía hasta una cafetera adentro, o posteando en facebook las fotos de nuestro último viaje a Europa.

Cuando las crisis vienen, mostramos quienes somos realmente, y cuando el espíritu chileno debía salir a la luz en una situación tan caótica como la de este año, nos dimos cuenta que ese espíritu no olía a otra cosa más que a plástico de tarjetas bancarias, y a papel de billete…a celulosa en el sur y a azufre en el norte, a smog en nuestra querida capital, capital mundial también del estrés y las enfermedades asociadas a la sobre exigencia laboral; ahí fue cuando la basura que escondimos por tantos años bajo la apariencia de plenitud que nos daba el crecimiento, no eran finalmente basura, ni era algo que podíamos esconder, eran hombres y mujeres de carne y hueso, que sienten, que sufren, que se endeudan, que se angustian y que aman, eso de repente nos estalló en la cara, y tenemos calles sobrepobladas de marchas, de indignación, de injusticias, ahora ya no podemos mirar para otro lado, porque ellos ya ocuparon todos los espacios a los cuales podíamos mirar, los vemos tirando piedras en las calles, los vemos arriba de las mesas en el Congreso, los vemos en los colegios y las universidades tomadas; nuestro último intento fue decir que eran criminales, para curar nuestra consciencia y convencernos de que la culpa no es nuestra, sino de su mente maligna y su irracionalidad. Sueño americano, sueño chileno…pero no se puede dormir toda la vida, ya era hora de despertar.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Acabar con el lucro en la educación, una cuestión difícil de dirimir

El proyecto de ley que busca poner fin al lucro en la educación escolar subvencionada se encuentra hoy paralizado en el parlamento a la espera de lo que suceda en las negociaciones entre el gobierno y los actores sociales de la educación, no obstante ya ha recibido un gran espaldarazo por parte de la Concertación y un sector de la Alianza, lo que hace prever su próxima aprobación, sin embargo los riesgos y “daños colaterales” que esto podría provocar a las familias no han sido tenidos en cuenta, y se ha pasado de largo una serie de detalles que más que solucionar el problema podrían agravarlo.

Existen buenos motivos para terminar con el lucro en la educación escolar subvencionada, quizás los dos más relevantes sean, primero, que el aporte fiscal –plata de todos los chilenos- se haga a un sostenedor que finalmente se llenará los bolsillos con parte de ese dinero, y segundo, que ese mismo dueño busca ante todo obtener las máximas utilidades en vez de estar interesado en prestar una educación realmente de calidad, lo cual no es ningún crimen si se tiene en consideración que el empresario está ahí para ganar dinero, pero le hace un flaco favor al país, que se caracteriza por tener resultados bastantes deficientes en esta materia. En este sentido, lo más lógico sería concluir que el lucro debe terminar. Pero por otro lado está el riesgo que se corre al terminar con el lucro, esto es, que buena parte de los colegios subvencionados cierren –disminuyendo la cobertura y por tanto acrecentando la aglomeración en las salas de clases-, o que pasen derechamente a ser privados sin aporte estatal, aumentando considerablemente el costo de las matrículas y mensualidades, porque ojo, hay un tema que no se tiene en cuenta, pero la subvención escolar entregada a estos establecimientos redunda en una disminución para las familias del costo que debieran pagar si por ejemplo, se van a un colegio privado . Con este escenario, lo que parte como una buena y justa iniciativa, termina produciendo un daño colateral relevante a las familias, las cuales tendrán dos opciones: matricular a sus hijos en otros colegios con cada vez más alumnos por sala, o desembolsar una mayor cantidad de dinero para costear la educación de sus pupilos. El tema como se ve entonces… no es tan simple.

El aporte a la cobertura escolar que han hecho los colegios subvencionados con fines de lucro es considerable, representando hoy un 31% de los establecimientos en todo el país, en los cuales estudian 1.056.090 alumnos. Aún más, la cantidad de estudiantes matriculados en este tipo de colegios aumentó de 490.000 a 1.056.090 desde 1990 hasta la fecha –o sea un crecimiento total de 113%-, en comparación con los colegios subvencionados sin fines de lucro que aumentaron de 343.755 a 550.635, y los colegios particulares de 198.602 a 252.451 alumnos, todas estas cifras entregadas por Gregory Elacqua del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la Universidad Diego Portales. Como se puede apreciar, si estos colegios llegasen a cerrar el caos que se provocaría en cuanto a cobertura sería tremendamente grave, y si en el mejor de los casos estos pasasen a ser colegios particulares sin subvención, el costo de para las familias ascendería considerablemente, haciendo que unas hagan el doble de esfuerzo para pagar la educación de sus hijos, y otras –las menos afortunadas- mudarse a los colegios sin fines de lucro, que sólo alcanzan un 15% del total escuelas que existe en el país, o irse derechamente a la educación municipal, que se caracterizan por tener un nivel de alumnos por sala inaceptable para estándares internacionales, de modo que ni imaginar a qué niveles llegaría si este millón de alumnos arriba a estos colegios.

Teniendo a la vista estas cifras, pareciera ser que el camino no es terminar con el lucro en la educación, en vez de ello se pueden aplicar una serie de exigencias para los dueños de estos colegios a cambio de entregarles la respectiva subvención, como fijar una cuota mínima de admisión para alumnos en situación de vulnerabilidad –que hoy se encuentra establecido por ley que debe ser de un 15% pero como nadie se ha encargado de fiscalizar es letra muerta-, estándares objetivos de infraestructura, para terminar con los bochornosos casos de establecimientos con baños destruidos y de precaria higiene, aulas que se llueven o materiales tecnológicos obsoletos; fijar un nivel mínimo de remuneraciones para los profesores, ya que en la práctica muchos sostenedores inescrupulosos buscan la forma de pagar menos a los docentes, con el fin de aumentar el dinero que se va hacia sus bolsillos, y alcanzar cierto puntaje en las pruebas nacionales que acredite que la educación que está entregando es de calidad. Es decir, se le permite al particular hacer un negocio, pero para poder hacerlo deberá cumplir con una serie de exigencias que aseguren la diversidad e integración social asegurando, un buen ambiente escolar, profesores con buenos sueldos, y una educación de calidad.

Un sistema como el propuesto requiere de una fuerte fiscalización, y en ese sentido la superintendencia de educación desarrollaría un papel protagónico, pues permitiría focalizar las subvenciones y dirigirlas a los colegios que cumplan con una serie de estándares mínimos –independiente de que tengan o no fin de lucro- . Después de todo lo central en educación no es si quienes la prestan ganan o no ganan dinero con ello, sino que se entregue de forma digna, de calidad, y que de una buena vez sea un verdadero instrumento de movilidad social.

domingo, 21 de agosto de 2011

El Tema son los Aranceles

De las reformas anunciadas por el ministro Bulnes el pasado 17 de agosto la más bullada sin dudas fue la rebaja de un 5,6% a un 2% del interés en el crédito con aval del Estado (CAE), este cambio ha sido calificado por el propio titular de la cartera como “un salto histórico”, a su vez que Rodrigo Hinzpeter lo ha considerado como “revolucionario”. Lo que estos personeros de gobierno parecieran no entender es que las demandas estudiantiles van orientadas hacia la rebaja –o derechamente gratuidad- de los aranceles, y no a cómo se puedan financiar éstos. Esta diferencia fundamental es la que hoy marca nuevos desencuentros en un conflicto que La Moneda parece no comprender.

Rebajar un 3,6% el interés del CAE no significa que las instituciones financieras por una visión filantrópica vayan a disminuir la tasa, sino que el Estado con sus fondos soportará esta diferencia para permitir a los estudiantes obtener un crédito con un interés menor al que hoy tienen, lo que en definitiva permite que el negocio para los bancos quede aún más asegurado, porque el pago del crédito no sólo es avalado en última instancia por el Estado, sino que ahora además una parte de los intereses serán inmediatamente desembolsados por el fisco ¿Por qué no inyectar este mismo dinero en un aporte basal para las Universidades y con ello disminuir notablemente el costo de los aranceles? ¿Habrá alguna presión del lobby bancario para mantener su parte del negocio?

Debemos recordar que el arancel promedio cifraba en 2,3 millones para el año 2009 según un estudio realizado por el departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, esto significa entre otras cosas –siguiendo las cifras del estudio- que en el país desde 1997 han subido un 60% por sobre el IPC, año en que se encontraba en aproximadamente 900.000 pesos, mientras que si el aumento de los aranceles hubiese ido a la par con la inflación hoy estarían en 1.400.000 pesos, la diferencia como se puede apreciar es notable ¿Qué provoca este aumento desmedido? Básicamente dos factores: el autofinanciamiento y la relativa inelasticidad de la demanda; lo primero ya que las Universidades por necesidad de aumentar su investigación, dotarse de mejores planteles, e invertir en recursos humanos a través del financiamiento de doctorados y magísters han tenido que incrementar el precio de su oferta de pregrado, y lo segundo, porque el deseo de los jóvenes y sus familias de entrar a la educación superior es algo fuertemente enreaízado en la cultura chilena -e incluso es mal visto quien no accede a ella- lo que asegura a las casas de estudios una demanda constante por educación, permitiéndoles un margen más o menos amplio para aumentar sus aranceles.

Utilizando este arancel promedio como referencia, al primer y segundo quintil le sería imposible acceder a la educación superior, lo cual sólo puede solventarse con becas, e incluso aún teniéndolas significaría que el 60 a 70% del ingreso familiar se iría pagando el arancel, ni pensar por tanto en que el segundo hijo entre a la Universidad. Bajo este contexto lo lógico sería que el esfuerzo estatal apuntase a terminar con el autofinanciamiento de las Universidades a través del aumento sustancial de los aportes basales, lo que disminuiría notablemente los aranceles. El camino optado por el gobierno sin embargo sigue siendo el de los créditos, que hacen algo más llevadero el pago arancelario, pero a la larga el alto costo se debe pagar igual, el cual bordearía aproximadamente entre los 12 a 15 millones de pesos si se tiene en cuenta que la duración de una carrera profesional está en los 5 años, y si a esto agregamos que buena parte de las carreras se encuentran saturadas por una sobre población de profesionales –en lo cual el Estado igualmente no ha hecho nada- la situación se vuelve caótica para un joven que egresa con una deuda estratosférica y con un cartón que no le sirve para encontrar pega. Por estos motivos es que en materia de financiamiento el movimiento estudiantil ha encaminado sus esfuerzos a exigir la gratuidad arancelaria, o en el peor de los casos un sistema de aranceles diferenciados que en todo caso disminuya de manera notable el costo de la educación superior, demanda que el gobierno no ha terminado de entender o simplemente no quiere escuchar, pues compromete el negocio de un pujante sector de nuestro país.

miércoles, 27 de julio de 2011

“Representantes” del pueblo

La elección de Ena Von Baer y Alejandro García Huidobro por parte de la UDI como senadores desginados, es una clara muestra de la mala estructura democrática de nuestro Estado, cuyo órgano de mayor representación –el Congreso Nacional- termina siendo ocupado por personeros que la ciudadanía en ningún momento eligió, y a los cuales incluso rechazó en los comicios anteriores, tal es el caso de la saliente vocera de gobierno. Es por esto, que la necesidad de reformas políticas es imperiosa para gozar de una verdadera democracia, y terminar con estos mecanismos truchos para poner en el poder a quien jamás fue elegido.

Von Baer demostró que no basta con tener un doctorado en ciencias políticas para tener dominio en la arena del poder, ya que su manejo comunicacional como vocera de gobierno, e interlocutora entre éste y los partidos tanto oficialistas como de oposición, fue mediocre en todo aspecto. Las descoordinaciones entre La Moneda y la Coalición por el Cambio se vieron en no pocos episodios, y la falta de diálogo con la Concertación, a la cual denostó sin miramientos, sólo hizo más difícil la primera mitad del período, valiéndole además una fuerte reprobación ciudadana. Con este nefasto currículum, agregando su derrota en las elecciones parlamentarias, la conclusión lógica sería que respaldo ciudadano para un eventual cargo de elección popular no tendrá. Sin embargo, nuestra Constitución cuenta con pequeñas llaves para que políticos ineptos pero de buenos contactos puedan igualmente acceder al poder, entre estos, la designación parlamentaria ante la vacancia del escaño por parte del partido.

A pesar de ser utilizada primeramente por la Concertación, tiempo en el cual se removió a Tohá y se hizo entrar a Felipe Harboe, su uso indiscriminado se materializó en este gobierno, en el que han sido llamados Matthei, Allamand, Chadwick y Longueira, reemplazándolos por otros a quienes ningún ciudadano escogió, sino que llegaron al Congreso por designación del partido al que pertenecen, tal como reza la Constitución. De esto se puede concluir que no se comete nada ilegal al realizar los respectivos cambios, reviviendo la figura de los “Senadores Designados”, quienes se encuentran plenamente amparados por nuestra Carta Magna. Este abuso de parte del gobierno hace que su reforma sea urgente, no obstante, qué mecanismo se puede utilizar ante la vacancia, es el debate que hoy se nos abre.

Por una parte, y recogiendo la propuesta del Presidente, está la posibilidad de que el candidato vaya junto a un “suplente” que en el eventual caso tome el escaño que el primero ha abandonado; esta propuesta si bien permite que en último término se escoja al reemplazante, refuerza la tendencia de que del parlamento se puedan sacar personeros y llevarlos a las filas del ejecutivo, lo que en el fondo no es sólo poco decoroso, sino que además es un insulto a la voluntad ciudadana, pues ésta vota para que tal o cual candidato lo represente el Congreso y no otro, de modo que la idea de Sebastián Piñera, aunque mejora la situación actual, es insuficiente si se quiere vivir en plena democracia. En segundo lugar se ha señalado que en el eventual caso de vacancia, se llame a nuevos comicios para elegir al respectivo parlamentario, este mecanismo es quizás el más deseable, ya que por una parte, asegura que la ciudadanía en todo momento escoja a su representante, aún cuando el que se eligió originalmente haya abandonado su cargo, y por otra desincentiva el traslado de parlamentarios al gobierno, pues este último corre el riesgo de perder escaños en el Congreso, al ser ocupado por alguno del partido opositor. Y en tercer lugar se ha planteado derechamente la imposibilidad de que un parlamentario pueda llegar a ser ministro u ostentar otro cargo en el ejecutivo, esta medida aunque radical, tiene los méritos suficientes para al menos ser tenida en cuenta.

Frente a estas opciones el Congreso tendrá que decidir, pero el dato cierto es que la situación actual debe cambiar, y mientras la reforma constitucional no vea la luz, los partidos que deban escoger reemplazante tengan al menos el decoro y el respeto cívico de elegir al compañero de lista, haciendo una especie de equilibrio entre lo que se presentó en las elecciones, y la voluntad ciudadana que escogió al parlamentario del tal sector y no de otro. Muchas otras cuestiones quedan por resolver para profundizar nuestra democracia, que en su avance hemos visto que no era tan perfecta como la pensábamos, ahora, queda la duda si la clase política tendrá la voluntad suficiente para llevarlos a efectos, o seguirá su largo letargo, dormida en los laureles y en las cuotas de poder que nuestra propia Constitución les asegura.