
La elección de Ena Von Baer y Alejandro García Huidobro por parte de la UDI como senadores desginados, es una clara muestra de la mala estructura democrática de nuestro Estado, cuyo órgano de mayor representación –el Congreso Nacional- termina siendo ocupado por personeros que la ciudadanía en ningún momento eligió, y a los cuales incluso rechazó en los comicios anteriores, tal es el caso de la saliente vocera de gobierno. Es por esto, que la necesidad de reformas políticas es imperiosa para gozar de una verdadera democracia, y terminar con estos mecanismos truchos para poner en el poder a quien jamás fue elegido.
Von Baer demostró que no basta con tener un doctorado en ciencias políticas para tener dominio en la arena del poder, ya que su manejo comunicacional como vocera de gobierno, e interlocutora entre éste y los partidos tanto oficialistas como de oposición, fue mediocre en todo aspecto. Las descoordinaciones entre La Moneda y la Coalición por el Cambio se vieron en no pocos episodios, y la falta de diálogo con la Concertación, a la cual denostó sin miramientos, sólo hizo más difícil la primera mitad del período, valiéndole además una fuerte reprobación ciudadana. Con este nefasto currículum, agregando su derrota en las elecciones parlamentarias, la conclusión lógica sería que respaldo ciudadano para un eventual cargo de elección popular no tendrá. Sin embargo, nuestra Constitución cuenta con pequeñas llaves para que políticos ineptos pero de buenos contactos puedan igualmente acceder al poder, entre estos, la designación parlamentaria ante la vacancia del escaño por parte del partido.
A pesar de ser utilizada primeramente por la Concertación, tiempo en el cual se removió a Tohá y se hizo entrar a Felipe Harboe, su uso indiscriminado se materializó en este gobierno, en el que han sido llamados Matthei, Allamand, Chadwick y Longueira, reemplazándolos por otros a quienes ningún ciudadano escogió, sino que llegaron al Congreso por designación del partido al que pertenecen, tal como reza la Constitución. De esto se puede concluir que no se comete nada ilegal al realizar los respectivos cambios, reviviendo la figura de los “Senadores Designados”, quienes se encuentran plenamente amparados por nuestra Carta Magna. Este abuso de parte del gobierno hace que su reforma sea urgente, no obstante, qué mecanismo se puede utilizar ante la vacancia, es el debate que hoy se nos abre.
Por una parte, y recogiendo la propuesta del Presidente, está la posibilidad de que el candidato vaya junto a un “suplente” que en el eventual caso tome el escaño que el primero ha abandonado; esta propuesta si bien permite que en último término se escoja al reemplazante, refuerza la tendencia de que del parlamento se puedan sacar personeros y llevarlos a las filas del ejecutivo, lo que en el fondo no es sólo poco decoroso, sino que además es un insulto a la voluntad ciudadana, pues ésta vota para que tal o cual candidato lo represente el Congreso y no otro, de modo que la idea de Sebastián Piñera, aunque mejora la situación actual, es insuficiente si se quiere vivir en plena democracia. En segundo lugar se ha señalado que en el eventual caso de vacancia, se llame a nuevos comicios para elegir al respectivo parlamentario, este mecanismo es quizás el más deseable, ya que por una parte, asegura que la ciudadanía en todo momento escoja a su representante, aún cuando el que se eligió originalmente haya abandonado su cargo, y por otra desincentiva el traslado de parlamentarios al gobierno, pues este último corre el riesgo de perder escaños en el Congreso, al ser ocupado por alguno del partido opositor. Y en tercer lugar se ha planteado derechamente la imposibilidad de que un parlamentario pueda llegar a ser ministro u ostentar otro cargo en el ejecutivo, esta medida aunque radical, tiene los méritos suficientes para al menos ser tenida en cuenta.
Frente a estas opciones el Congreso tendrá que decidir, pero el dato cierto es que la situación actual debe cambiar, y mientras la reforma constitucional no vea la luz, los partidos que deban escoger reemplazante tengan al menos el decoro y el respeto cívico de elegir al compañero de lista, haciendo una especie de equilibrio entre lo que se presentó en las elecciones, y la voluntad ciudadana que escogió al parlamentario del tal sector y no de otro. Muchas otras cuestiones quedan por resolver para profundizar nuestra democracia, que en su avance hemos visto que no era tan perfecta como la pensábamos, ahora, queda la duda si la clase política tendrá la voluntad suficiente para llevarlos a efectos, o seguirá su largo letargo, dormida en los laureles y en las cuotas de poder que nuestra propia Constitución les asegura.
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